Rudy Novena, director y secretario de AGNA: "Nuestros primeros 20 años"
Quando l’amore finisce ma l’essere genitori no
Hay puertas que no se cierran de golpe, sino despacio, como si se disculparan. Un pomo gira, un escalón se retira y el silencio entra en las habitaciones como un invitado no deseado. Las familias, al nacer, están llenas de sonidos: risas en el pasillo, juegos en el suelo, voces que se llaman de una habitación a otra.
Cuando se rompen, quedan espacios vacíos. No es un choque, no es una fractura violenta. Es algo cotidiano: una taza olvidada, una habitación vacía, un fin de semana que se vacía, una rutina que ya no sabe a quién pertenece. Los niños no hablan de ello. Simplemente esperan: un mensaje, un día marcado en el calendario, un permiso, una decisión. Esperan a un ritmo diferente al de los adultos. Para ellos, un mes es infinito, un año es toda una etapa de crecimiento. Mientras tanto, los adultos, en medio de la separación, se hunden en su propio dolor y creen que son los únicos que sufren. Pero los niños están en el medio, en la parte frágil, el lugar donde nadie alza la voz. Fue allí donde, el 1 de diciembre de 2005, nació AGNA (Asociación de Padres en Cuidado) en Rivera. No como un movimiento ideológico, no como una reacción airada, sino como respuesta a la pregunta más simple y a la vez más difícil: ¿cómo seguir siendo padre o madre cuando el amor se acaba? Esa noche, se presentaron más de cincuenta personas. Muchos padres, sobre todo. Padres que de repente se convirtieron en «invitados» en la vida de sus hijos. Padres sin voz ni voto, sin una rutina diaria. El Estado los ignoró. Las instituciones no los escucharon. Sus hijos los esperaron. AGNA nació de este vacío: para ofrecer una alternativa en medio de la adversidad, para dar voz a quienes no quieren perder el vínculo más importante de sus vidas. Y al frente de AGNA hoy está Rudy Novena, quien antes de ser director fue un padre que perdió a su hijo, esperó y, después de veinte años, lo reencontró. Porque algunos vínculos se rompen, pero no se borran. Algunos dolores nunca terminan, pero pueden transformarse. Algunas historias no terminan: se viven.
¿Cómo nació AGNA en 2005?
Todo surgió de una carencia. Faltaba de todo: la ley, el apoyo, las herramientas. Los padres sin custodia, en su mayoría padres varones, se vieron de repente separados de sus hijos. No tenían autoridad parental, ni voz ni voto en las decisiones. La separación los convirtió en meros visitantes. Publicamos un llamamiento en el periódico y acudieron más de cincuenta personas. Desde el principio quedó claro que no se trataba de un caso aislado: era un dolor colectivo y reprimido.
¿Inicialmente erais un grupo de autoayuda?
Sí. Nos reunimos para apoyarnos mutuamente. Pero cuando uno está inmerso en un conflicto, pierde la claridad. Las historias personales no bastaban. Necesitábamos a alguien capaz de analizar la situación desde fuera, con experiencia, sin dejarse abrumar por ella. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que necesitábamos organizarnos.
¿Y así nació el servicio de asistencia técnica?
En 2007, creamos un espacio donde abogados y psicólogos colaboran. No son caminos separados, ni uno tras otro: se sientan a la misma mesa. Uno ayuda a ordenar las emociones, el otro a comprender la ley. Primero abordamos la herida, luego el proceso. Es una forma de apoyar, no de juzgar.
¿Cuántas sucursales hay hoy?
Cuatro. Una en Sopraceneri, dos en Lugano y una en Mendrisiotto. Un modelo que, con el tiempo, ha demostrado su necesidad. Quienes llegan no buscan la victoria: buscan no perderse.
Has elegido un camino diferente al de aquellos que buscan la confrontación pública.
Sí. Hay quienes denuncian, quienes acusan, quienes alzan la voz. Hemos optado por colaborar con las instituciones. Es un proceso más lento, pero genera un cambio real. El conflicto atrae la atención, pero no siempre trae soluciones. Nosotros trabajamos para encontrar soluciones.
¿Qué resultados concretos has logrado a lo largo de los años?
Junto con otras organizaciones, hemos contribuido a la adopción generalizada de la patria potestad compartida a nivel federal. Y hemos desarrollado el modelo MOOC, que no solo calcula las contribuciones financieras, sino que también tiene en cuenta el tiempo dedicado al cuidado de los hijos. Porque criar a un hijo no se trata de pagar por algo: se trata de estar presente. Preparar el desayuno, asistir a las reuniones escolares, acompañarlos en su día a día.
Hablemos de la alienación parental. Es un tema que te afecta personalmente.
Es una experiencia que he vivido. Mi hijo no quiso verme durante años. Cuando sucedió, el fenómeno aún no tenía un nombre reconocido, y el debate público se centraba en las definiciones más que en las consecuencias. Pero lo importante no es cómo se le llame: se trata de comprender que un niño, ante un conflicto entre adultos, toma decisiones para sobrevivir. Veinte años después, nos hemos reencontrado. Ahora estamos reconstruyendo nuestra relación. Es una herida profunda, pero aún queda mucho por decir.
¿Quién se acerca hoy a vuestros mostradores?
Todos. Padres, madres, parejas, abuelos que intentan encontrar la manera de apoyar a sus nietos, hijos mayores que quieren proteger a sus hermanos. A veces, son los propios hijos quienes se dan cuenta de que sus padres ya no se comunican. El espacio es para la familia, no para una sola parte.
¿Cuál es el objetivo final?
Ojalá ningún niño pierda jamás a uno de sus padres. El amor de un padre es como una raíz: si la cortas, nunca vuelve a crecer igual. La crianza compartida no es una fórmula matemática; es un acto de responsabilidad hacia el bienestar emocional del niño.
¿Por qué es importante la cena de apoyo del 1 de diciembre?
Dado que gran parte de nuestro trabajo es voluntario, psicólogos, abogados y personal administrativo dedican su tiempo y experiencia a cambio de una compensación simbólica. Sin embargo, garantizar la continuidad y una presencia real requiere recursos. Esto no es caridad: se trata de proteger la estabilidad emocional de las familias. Quienes apoyan a AGNA apoyan a los niños que se encuentran en medio de la crisis y que no deberían estar solos.

